El juego del Si/No


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Foto: missidog

Este texto fue publicado originalmente en el número de agosto de 2017 de Percha Mag, la cual pueden leer de manera gratuita desde el sitio de la revista.

Instalando…

¿Tinder, Happn, OkCupid, Badoo? ¿Cuántas más? Tal vez decenas, cientos o miles. Ni idea. Nos encanta participar de un juego con tintes perversos en el cual solo parte de los participantes están realmente jugando. ¿Qué nos hizo entrar en ese mundo? ¿Ustedes no entraron? Ah, cierto: es feo, denigrante, casi el fracaso de las relaciones personales. Siempre habrá alguno con la moralina alta que lo verá como un “nunca me verán ahí”. Les puedo asegurar que cuanto más alta la moralina, más fuerte el golpe cuando caen.

¿Es este un juego ficticio y distinto al juego real de buscar una pareja? Creo que no. Como toda herramienta informática, ésta potencia su objetivo. En la época analógica la única manera de conocer a alguien era por un grupo de amigos, conocidos, lugar de estudio, trabajo, bares o boliches (¿se le sigue diciendo boliches, o ya pasé la línea?). En todos los casos la oferta y demanda era limitada. Quizás tenías la suerte de encontrar alguien que te interesara en esos grupos. Luego debías ver si tenían intereses en común. A veces ni siquiera. Pero bueno, eso fue hasta hace algunos años.

Y como todo se potenció, ahora parecemos productos en una góndola de supermercado a la espera que alguien nos elija. O algo así, ya que la elección tiene que ser doble. Es como que elijo la mermelada y la mermelada me elije a mí. ¿Y está mal? (Acá los que rebalsan moralina: claro que está mal. ¿Y el amor? No soy una cosa para que me seleccionen así). No, no está mal para nada. Entre tus amigos, conocidos del barrio, lugar de estudio, trabajo, bares o boliches no buscabas desde el día cero con quien casarte. Nunca. Jamás. Solamente alguien te atraía. Y si esa atracción superaba las miles de barreras previas, quizás podrías tener una vida feliz junto a esa persona. ¿Y ahora? Ahora es lo mismo, aunque muchos quienes están dentro del juego, y lo que están fuera, no lo entiendan así.

El primero filtro de la imagen, tan vituperada por muchos, es lo mismo que ocurre cuando ves a alguien por primera vez y te ponés nervioso. Es un segundo. El mismo segundo que tardás en pasar una foto para un costado u otro. Claro, en primera persona disponés de otros estímulos: movimientos, expresiones, la voz, la sonrisa, la mirada, hasta el olor. Hoy el primer filtro es simplemente una imagen. ¿Vale? Claro que vale. Por eso no entiendo a quienes ponen como primera imagen algo etéreo, o un paisaje, un perro o una frase. Quieren darle “profundidad” a la “superficialidad” de la primera impresión. Señoras, señores: la primera impresión siempre es superficial. El primer contacto entre dos personas siempre ha sido visual en toda la historia de la humanidad. A menos que seas ciego, claro… Bueno, no quiero ponerme muy complicado. Sería bueno saber qué “tan bien” les va a los “profundos” en estas aplicaciones.

Después podemos irnos al otro lado, hacia la superficialidad extrema donde los muchachos se muestran musculosos, deportivos, en autos o motos mostrando su “masculinidad”. Y las chicas intentando que se note que tienen tetas o culo… y con boca de pato. Generando vergüenza ajena. Y todo parece centrarse en eso. Ya no hablamos de personas que son un paisaje o una frase de Cortázar que éste nunca dijo. Ahora hablamos de personas que son un cuerpo. ¿Importa? Bueno, acá dependerá de lo que busque cada uno. Si querés coger, seguramente la idea de elegir un cuerpo que te mueva (“…coger…”, “… que te mueva…”, je… perdón) va a ser tu opción. Quienes buscan algo más que solo sexo, quizás no les interese. Nuevamente, cuestión de gustos. Lo que sí, no todas las personas nacieron para verse sexis en fotos. Si a Pampita la pose le queda genial o a Brad Pitt esa mirada hace derretir cuerpos, eso no significa que vos quedes bien. A veces da algo de gracia. O pena, no sé. En el punto intermedio están quienes meten fotos de todos sus viajes y se los ve ahí perdidos en medio de la imagen. Todos conocemos, al menos por fotos, la Torre Eiffel, las Pirámides de Egipto, el Perito Moreno, New York o la Torre de Pisa. Si, a casi todos nos gusta viajar, ya lo sabemos. Estás acá para buscar una pareja, no para enseñar geografía.

El otro gran universo son las descripciones. Un embole leerlas, sin dudas. Como antes: “me encanta viajar”. Y sí. Son pocos los que prefieren quedarse encerrados en el quinto subsuelo, aunque siempre hay alguien, claro. A veces las exigencias en las descripciones son innecesarias. “K abstenerse” (o “Anti-K abstenerse”), solo hinchas de River o no fumadores, muestra que la superficialidad les pega fuerte. El amor todo lo vence. Si una idea política, un equipo de fútbol o el tabaco es un impedimento queda claro que luego no pueden quejarse si del otro lado son superficiales. (Pero es que no me gusta que fumen…). Si te gusta la persona, no te va a importar, ¿te queda alguna duda?

Luego están las descripciones totalmente literales o no tanto: “Putito copado”, “Casada de trampa”, “Buscando al príncipe azul que me quite de esta aplicación”, “Esperando enamorarme” o la terrible “El amor cuesta plata”. O los más realistas que describen sus gustos para saber si hay algo en común además de una atracción visual. Leer bajo un árbol, escuchar música… cosas así me generaban buenas impresiones de la otra parte. Al menos a mí. O lo que me contaron…

Al fin y al cabo, el filtro de la primera imagen o el filtro de los comentarios no impiden que el tercer filtro, el chat, actúe. Cuando no hay piel, se nota en la primera charla. Ya sea por los temas que conversás o el tipo de respuesta o, por qué no, la ortografía. Dicho sea de paso, en alguna descripción ponen condiciones a la manera de presentarse: “si vas a decir ‘hola como estas’ ni te gastes”. ¿Qué tan original querés que sea en la primera frase? ¡Pará!

La cuarta etapa del juego es finalmente el encuentro. Acá es importante que sea relativamente rápido desde la primera frase para evitar la idealización. Cuando chateas con alguien que no conocés pero te cae bien empezás a pensar que es todo lo que no es. Verse. Rápido. Para confirmar o descartar. Y el encuentro es duro, aunque nuevamente depende de las expectativas. Probablemente haya cosas que no te cierren de esa persona. Un gesto, una manera de hablar, una manera de expresarse… Si, también puede ser lo físico y mil razones más. Pero el primer encuentro define miles de cosas. Y cuando te das cuenta que no es al ratito, es una patada en las bolas.

Quizás se pregunten si pasé por todo esto que cuento. Podría decirles que me lo contó el amigo de un amigo de un amigo. Y claro que fue así. Puedo inventar historias o contar realidades al detalle. Quizás todo junto.

Fotos ridículas, descripciones más ridículas aún, conexiones equivocadas, conexiones copadas que te eliminan antes de hablarte, saludos al vacío, silencios, respuestas estériles, el caos de las múltiples charlas en paralelo, repetir dos veces lo mismo en el mismo chat por error, confundir datos entre chats, olvidar temas o datos ya charlados, conversaciones interesantes, que te pidan el WhatsApp antes de pedirlo uno, encuentros fallidos, encuentros desastrosos, encuentros, buenos encuentros, sexo luego de dos horas de conocerte con alguien y no mucho más, lindos encuentros, encuentros duraderos. Quizás mezclo recuerdos entre todo esto.

Un juego en donde me crucé con algunas cosas raras, tal vez no tan raras como a otros le pudo haber pasado. La chica que me dijo, literalmente: “No me interesa nada de vos. Soy casada, tengo tres hijos, mi vida es una mierda. Solo quiero coger y olvidarme de todo”. La otra que me preguntó, luego del primer hola: “Si estamos acá es porque te gustaron mis fotos. ¿En serio te parezco linda?”. Otra: “Venite a casa a almorzar que me vieja hace unos ñoquis de aquellos”. La travesti honesta que me dijo: “Mirá que soy travesti, ¿te va?”. La que me dijo: “¿Te va un trío?”. Pero dale, Martín, contá qué pasó, danos detalles… No recuerdo nada, claro.

El juego de encontrar a alguien para tu vida, ya sea por un rato, para siempre o para lo que dé.

Quienes hemos jugado, jugamos o jugaremos este juego, sabemos que las razones son distintas dependiendo de la persona. Y estas diferencias pueden ser abismales: desde coger un rato, cagar a tu pareja, hacer tríos, hasta encontrar la persona ideal para tu vida, formar una familia con hijos y todas las de la ley. Algunos entran para ofrecer sus servicios. Otros simplemente por morbo.

Como dije al principio, sólo algunos están jugando. Y jugando con algo muy delicado: los sentimientos de extraños. Extraños quienes están jugando por distintas razones, con distintos objetivos. Muchos están aburridos. Algunos son tímidos. Algunos no tienen otra opción para conocer a alguien. Algunos están muy solos. Algunos están muy tristes. Y algunos… Algunos nunca reciben la conexión de nadie y lloran frente a la pantalla, rogando por un milagro que los haga sentirse deseados por alguien.

Desinstalando…

 


 

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