Una flor ante el alud


Foto: Claudia Almeda

Gracias a Claudia por la foto y la inspiración.

Se miró al espejo intentando entender lo que estaba pasando. Nunca había estado en una circunstancia así. O al menos no lo recordaba. ¿Y ahora?, se preguntaba. La situación se había puesto tensa y sentía una terrible angustia que recorría su cuerpo. Respiraba agitada, sus manos temblaban y tenía ganas de llorar. Podía hacerlo, claro, nadie la estaba observando. Pero no quería desmoronarse en ese momento tan crítico.

Hacía tiempo que venía intentando manejar esta situación, pero todo se había complicado. Primero pensó en lo que acababa de ocurrir; cada palabra retumbaba en su cabeza, cada gesto, cada sensación. Y volvió a sentir esa desazón, ese desasosiego. Sabía que los errores se habían desencadenado uno tras otro, casi como una bola de nieve. Pero ella nunca había escuchado el pequeño temblor que había generado el desprendimiento inicial. Y ahora no tenía vuelta atrás. ¿Cómo podría estar ocurriendo esto?

No tenía mucho tiempo, pero algo tenía que hacer. Analizó las posibles soluciones. Salir corriendo era una opción. Miró a su alrededor buscando una ventana salvadora, pero ésta tenía rejas por el exterior y sería imposible escapar por ahí. Quizás podría hacerse la desmayada pero, ¿cuánto duraría la actuación? Al fin y al cabo, iba a tener que enfrentar el tema; hoy, mañana, pasado. No, tenía que buscar una opción que fuese realista.

¿Aceptar? ¿Era una opción aceptar el problema? ¿Hacerse cargo valía la pena? Lo pensó. No tenía mucho tiempo, pero analizó si salir y decir que ella se había equivocado era suficiente para sacarse semejante carga de los hombros. Imaginaba que sí. Pero… un momento. Ella no tenía la culpa de lo que estaba pasando. No era ella. No, no. No tenía por qué ser quien asumiera dicha responsabilidad. Ella no tenía nada que ver. Todos pueden equivocarse, todos pueden tomar el camino equivocado. A veces a conciencia, a veces no. Pero ella no era la culpable de este complejo entramado de problemas que derivó en esta extraña situación que estaba viviendo.

¿Entonces? No, tenía que buscar otra opción. Estaba muy nerviosa. Sintió sus manos húmedas y notó que la transpiración comenzaba a recorrerle el cuerpo. No encontraba una solución. De pie, apoyó todo su cuerpo sobre sus dos brazos estirados y bajó la cabeza. Casi con resignación. Cerró los ojos. Intentaba pensar.

Tocaron a su puerta. Levantó la cabeza y se volvió a mirar al espejo con la respiración entrecortada. ¿Y ahora?

 


 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: