Crónica de un viaje a Israel


Hace un año tuve la posibilidad de viajar a Israel por trabajo. Durante mi vida no he tenido muchas oportunidades de estar en otros países y este viaje, de apenas una semana, me permitió tener al menos un pequeño reflejo de una cultura llena de diferencias y coincidencias con la cultura que me rodea. 

Durante la semana que estuve viajando escribí, sin querer, una especie de crónica en Facebook que relata, más o menos, lo que me iba ocurriendo en aquellas lejanas tierras del Medio Oriente. 

Hace unos días decidí unificar todos los posteos en un único relato. Releyéndolo recuerdo cada momento, cada charla, cada lugar… y cada desayuno con atún. 

Intenté no modificar los textos originales. Solamente agregué algunas de las fotos y videos que tomé para darle un poco más de contexto al relato.

Gracias a Carlos, mi amigo colombiano, con quien estuvimos disfrutando este gran momento en medio de lo desconocido.

Volvamos a viajar en el tiempo…

 

12/02/2016

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¿Sabían que tengo una máquina del tiempo? En un rato voy a viajar cinco horas al futuro. Luego les cuanto cómo se ve todo desde allá.

 

13/02/2016

Viajando al futuro.

 

13/02/2016

Hola, seres del pasado. Les habla Martín, cinco horas en el futuro. Les comento que todo bien. Hay sol y parece que el mundo aún gira.

Se hizo largo el viaje en el tiempo. Esta máquina tiene el problema que debe moverse para que funcione. Así que crucé el Río de la Plata, Uruguay, Brasil, el Atlántico, Senegal, Mauritania, Argelia y el Mediterráneo para llegar a Roma y hacer pis…

Luego fue un ratito más de Mediterráneo hasta llegar acá.

Los saludo, habitantes del pasado!

Shalom!

 

13/02/2016

En el aeropuerto hay una máquina expendedora de… Ramos de flores!!!

Claro! Para recibir al pariente que no ves hace 20 años.

El futuro llegó hace rato.

 

13/02/2016

Este futuro es raro. Mi compañía de celular me quiere cobrar 10 dólares por cada megabyte consumido.

Por el momento, fono apagado. Manden paloma mensajera.

 

13/02/2016

Estoy esperando a un compañero de laburo que viene de Colombia. Hace una hora que espero y me siento como Tom Hanks en La terminal.

“Medicine is for goat”.

 

13/02/2016

La de migraciones de acá daba miedo.

– Where you came from?
– Buenos Aires.
– WHY? (si, con tono feo)
– eh, eh, eh…

Ya me veía deportado.

 

13/02/2016

La gente llega y se abrazan con quienes vinieron a buscarlos.

Y le dan las flores de la máquina.

Y todos lloran.

 

13/02/2016

“Les recordamos que no está permitido viajar con armas.”

La voz del aeropuerto.

 

13/02/2016

Shalom.

Todá.

Y se acabó mi hebreo.

 

13/02/2016

El 90% de las mujeres que llegaron en el avión de Estambul tienen pegada en la frente una gotita brillante a modo de tercer ojo.

Muy bonito.

 

13/02/2016

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Bueno, terminó el primer día (que duró casi 48 horas).

Valija, cortes de luz, remisero copado, check-in, viaje con comida en horas extrafalarias (desayuno a las 2 AM de Argentina), frases en italiano a lo loco (succo di pesca, per favore; grazie; arrivederci y otros sacados del arcón “esto lo escuché alguna vez”), asiento terriblemente incómodo, conexión interminable, desayuno extraño, segundo vuelo mucho más cómodo con mucha gente hablando raro, migraciones durísimas, compañero de laburo que casi no lo dejan entrar, incertidumbre, seguridad del aeropuerto que me miraban raro porque hacía horas que estaba ahí y no me iba, 5 horas hasta que salí del aeropuerto, manejar 50 kms por autopistas de una ciudad que no conocés, manejando un auto que no conocés y que encima es automático (y mi pie izquierdo se aburre y a veces aprieta el freno cuando no tiene que hacer nada), y cagarnos de frío y buscar donde comer y buscar adaptadores para los cables, y…, y…, y…

Y falta un día menos.

Ahora se viene lo difícil.

Hasta mañana.

 

14/02/2016

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Shalom!

Iba a escribir: “Arranca el día 2”, pero tomando en cuenta que salí el viernes a la mañana de casa y ahora es domingo a la mañana, debería decir “Arranca el día 3”.

Arranca el día 3 y hoy se labura. Porque acá la semana arranca el domingo. Así que acá estoy. No quiero me odien, pero desde la ventana del hotel veo el Mar Mediterráneo (estoy a una cuadra).

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Veremos cómo sale el desayuno y cómo es el tráfico desde Netanya hasta Ra’anana (que serían unos 20 kms. por autopistas, pero que Google Maps me dice que son entre 20 minutos y una hora de viaje (!!!) ).

 

14/02/2016

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Destruido. Así estoy. Un día agotador, pero creo que lo pude vencer. Mucho trabajo, pero al parecer zafamos.

La comida es MUY abundante y MUY picante. Y los precios… algo salados. Dos personas comiendo en un restaurante común, sin postre ni vino, unos 35 dólares por cabeza.

McDonald’s, 12 dólares por cabeza (pero el sanguche es ASÍ DE GIGANTE!!!! Buenísimo!!!!!!!)

¿Cómiste en McDonald’s?, preguntarán. Fue al mediodía algo rápido ya que no había otra cosa cerca. Pero era Kosher. Como el del Abasto.

Pudimos recorrer un poco y, al contrario de lo que se piensa, las calles NO están llenas de religión… o al menos no que se note a simple vista (como el típico ortodoxo que lleva su barba larga y su traje negro). Sin dudas una mala concepción que tenemos desde occidente.

La otra mala concepción es que uno piensa que todo esto es desierto… y no, tampoco. Mucho verde, mucho árbol, mucha planta… Seguramente más en lo profundo del continente el clima se vuelva más árido, pero acá, se ve más verde desde el cielo que en Buenos Aires.

Y estoy sorprendido por la cantidad de personas que han emigrado de las ex repúblicas soviéticas. De hecho, vimos varios carteles escritos en ruso. Plagado de rusos, ucranianos, bielorrusos y vaya uno a saber qué más.

Pero lo importante fue preguntar donde estaba el baño y encontrarlo. Win!

A dormir que mañana es complicado.

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UPDATE: me olvidaba del desayuno… Comen atún, pepinos, tomates, unas salsa con ajíes… Café con leche, no te mueras nunca!!!

14/02/2016

Me acabo de dar cuenta que mi viaje en el tiempo fue un poco más allá de lo esperado. Para los que viven en Argentina ahora es domingo casi a las 7 de la tarde… pero para mi es como si fuera el final del lunes ya que hoy trabajé… Es decir que ahí es domingo y acá es casi martes…

Y ustedes pensaban que mi máquina del tiempo no funcionaba.

 

15/02/2016

Shalom.

Arrancamos el día 4. Sigue soleado con temperatura muy cómoda (no pasa de los 20 grados aunque de noche refresca bastante).

El hotel es un tres estrellas sin grandes lujos. La cama es cómoda y el agua sale caliente como uno espera. Ver televisión es casi imposible: a los 15 minutos te duele la cabeza. No se entiende ni una sola palabra. Nada. Es preferible recostarse a leer. Terminé de leer “Voces de Chernobil” y ya arranqué con “La historia de Genji”.

Así que un argentino se toma un avión italiano y, junto con un colombiano visitan Israel, plagado de soviéticos y griegos, mientras escucha música yanki y británica, termina de leer un libro sobre una ciudad ucraniana escrito por una bielorrusa para luego empezar a leer un libro japonés del siglo XI. Ah… y el cliente final del proyecto es canadiense…

Je.

Me voy a mantener firme desayunando café con leche. Eso si… hay un pan que es muy, muy rico. Ya lo probé en un restaurant y acá en el hotel. Luego le saco una foto.

Hoy seguiremos con trabajo (como todos los días). Mi estadía es corta y estimo que mi único día con tiempo para visitar algún lugar histórico sea el viernes. Cruzo los dedos para que se pueda dar ese paseo.

 

15/02/2016

Acá es donde recuerdo lo importante de esas clases de inglés donde uno tenía que conversar sobre temas banales para practicar el idioma…

Intentar explicar en inglés la realidad socio-política de Argentina, sus tradiciones, sus comidas, sus costumbres, sus paisajes, su gente… Uf…

Motherfuckers!

 

15/02/2016

¿Vieron cuando uno se encuentra con turistas que hablan entre si con un idioma raro y uno se pregunta qué estarán diciendo?

Bueno… acá siento que nos miran así cuando hablamos en castellano.

– ¿Qué dirán estos sudacas?

 

15/02/2016

Pareciera que acá los prétzels son tan comunes como las Criollitas. Me parece que me voy a llevar dos toneladas para Argentina para evitar pagar 60 pesos por un paquetito.

 

15/02/2016

La tierra acá es muy roja. Es raro. No tan roja como en Misiones, pero mucho más que en Buenos Aires.

 

15/02/2016

¡Odienme!

Estoy comiendo Toblerone.

 

15/02/2016

Hablando de catolicismo y judaísmo en pleno Israel.

O “cómo-encontrar-las-palabras-correctas-para-evitar-malos-entendidos”.

Y encima en inglés.

 

15/02/2016

A las 17:55 ya es noche cerrada.

 

15/02/2016

Uno de los compañeros acá en el cliente tiene en la cintura… una pistola!!

Como si nada, eh!

Rocanrol, motherfuckers!!!!

 

15/02/2016

Fin de día 4, esta vez en Tel Aviv. Muy bueno. Pero no doy más. Mañana sigo.

 

16/02/2016

Día 5 ya en la oficina.

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Ayer estuvimos un poco en Tel Aviv para cenar. Vimos poco pero estuvimos en algunos lugares bonitos (y no tanto). Los aplausos se los llevó Norman Bar. Un barcito chiquito en una zona no tan céntrica. Cuando llegamos estaban recitando poesía (en hebreo, claro; y no entendí una mierda, claro). Pero muy bueno. Y el barman, un loco llamado Tzion que laburaba full y se mereció la propina.

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Algunas cosas para comentarles de acá: en Tel Aviv existen grandes edificios de oficina como en toda gran ciudad, pero los edificios “comunes” (tanto ahí como en otras ciudades) parecen como pequeños monoblocks casi todos del mismo color. No llegan a ser pintorescos. De hecho, son bastante feos. Casi sin balcones y bastante deteriorados.

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Estacionar es un GRAN problema. Está prohibido hacerlo en los lugares donde el cordón de la vereda está pintado de blanco y rojo… Y eso es en TODOS lados. Y los lugares permitidos (cordones azules y blancos) están SIEMPRE ocupados con autos. Todas las tardes tardamos unos 10 minutos en encontrar lugar para estacionar cerca del hotel. Pero anoche, en Tel Aviv, estuvimos cuarenta y cinco minutos. Terrible. Los autos uno detrás del otro. No cabía un alma. Y estacionamientos pagos son MUY raros de encontrar (y estaban llenos). Muy difícil.

Y los conductores están siempre MUY apurados. Se pone el semáforo en verde y el de atrás espera que ya estés andando a 3000 km/h. ¡Pará, enfermo, metete la bocina en el totó!

En los viajes en auto nos cruzamos con varias cárceles y hoy, que el GPS nos envió por un camino alternativo porque había habido un accidente, bordeamos un paredón ENORME lleno de alambres de púa que el mapa identifica como “1949 Armistice Agreement Line” (Línea de acuerdo de amnistía de 1949). Acá Wikipedia ayuda y leo que es un acuerdo territorial entre Israel, Egipto, Jordania, Líbano y Siria que puso fin a la guerra árabe-israelí de 1948. O al menos eso dice acá. Más allá de esa pared, Palestina y lejos, pero MUY lejos, Jordania.

Todo el mundo me dice: tenés que ver esto, tenés que ver lo otro. Imposible con tan poco tiempo. Pero ya estoy pensando que este tipo de viajes hay que intentar hacerlo en modo turista (con dinero en el bolsillo, claro). El viaje más barato en avión para llegar a Europa y de ahí, empezar a moverse. (Dicho sea de paso: 1 litro de nafta común, 6 shekels, es decir un dólar y medio, 22 pesos… y eso que los pozos petroleros deben estar cerca, ¿no?)

Lo más pintoresco: hoy vimos en un campo un MONTÓN de dromedarios. Pastaban como lo hacen los caballos o las vacas.

 

16/02/2016

– Where are you from?
– Argentina
– Wow. That’s very far from here.

Repetido una y otra vez.

 

16/02/2016

Y la tarjeta de crédito dejó de funcionar. Creo que me vuelvo haciendo dedo.

 

16/02/2016

– Tell us about Kirchnerismo and the new Macri’s goverment.

Nooooo, por favor no!!! ¿Acá también? ¡Mátenme!

 

16/02/2016

Un flaco de acá tiene una tía que le pintó un cuadro al Papa Francisco y se lo pudo dar en mano. Me mostró fotos del momento.

Interesante.

 

16/02/2016

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A cada persona que le decimos que tenemos el hotel en Netanya (a 20 kilómetros de las oficinas) se nos cagan de risa en la cara. Es una ciudad de abuelitos y aburrida, nos dicen.

No me imagino en Buenos Aires diciendo: ¿vivís en Berazategui? ¡Que mierda, che!

 

16/02/2016

– ¿Conocés Argentina?, le pregunto.
– Si, claro. Estuve ahí una vez. En Buenos Aires.
– ¿Te gustó?
– Mmmm… No. Llegué y me robaron de manera violenta.

Irremontable.

¡La argentinidad al palo!

 

16/02/2016

– ¿Conocés algo de Argentina?
– Ehhh… Si, creo que si. ¿Santiago, Montevideo, Rio?
– Dale, seguí tirando que algún día la vas a embocar.

 

16/02/2016

El nivel de inglés acá está muy segmentado. En las empresas, todos hablan inglés y muy bien. En los negocios, depende el tipo de negocio. Los tecnológicos, todos hablan ingles. En otro tipo de negocio, se nota que saben menos.

En los bares, los mozos apenas hablan lo mínimo. En McDonalds, los empleados no hablan nada, pero el jefe si.

La gente en la calle, depende mucho de su clase social.

Claramente el inglés es algo que está íntimamente relacionado con los estudios y el nivel económico.

Lo necesitan constantemente ya que sino la barrera idiomática con los turistas es terrible.

No se entiende nada, de nada, eh! Nada. Ni una palabra. Creo que el alemán se entiende más (y no se NADA de alemán).

 

16/02/2016

Che, las peras tienen un gusto distinto. No son feas, para nada. Pero tienen otro gusto.

 

16/02/2016

Son las 10 de la noche y recién entro al hotel luego de la oficina. No doy más. Comimos un sanguche en el viaje, así que en un ratito me duermo.

 

16/02/2016

Algunas anotaciones más:

Hay muchas empresas tecnológicas acá. Y todas están en edificios enormes con su logo bien alto.

Muchas de esas empresas les dan autos a sus empleados. Y cada auto tiene un sticker que dice el nombre de la compañía. Yendo a trabajar nos cruzamos, cada día, con no menos de 50 o 60 de nuestro cliente. De hecho, en la zona principal donde nuestro cliente tiene las oficinas, son 3 edificios los que ocupa. La playa de estacionamiento para invitados es un sector enorme que ocupa 4 subsuelos completos.

Hay MUCHA construcción de edificios. Torres enoooooormes que tienen una particularidad: las grúas que tienen en la punta están iluminadas con luces led de color. De noche se ve desde lejos la gran cantidad de construcciones.

 

17/02/2016

Hoy tengo los párpados caídos… (Tenés sueño, flaco). Si, ponele que si. Me pesan los párpados.

Anoche llegué de la oficina al hotel a las 10 de la noche. “Que bueno que viajás allá”. Pero es por trabajo. “Si, pero es buenísimo que tengas esa posibilidad para conocer un lugar nuevo”. Pero es por trabajo.

A veces no se entiende la diferencia entre turismo y trabajo. Venir por trabajo es agotador. Y te quita las ganas de recorrer. Les pongo un ejemplo: tengo la playa a una cuadra y solamente estuve ahí una vez a la noche. No pude pisarla de día. No hay manera. Debe ser mejor si uno estuviera varias semanas y tuviera libre los fines de semana para recorrer, pero no es mi caso. Claro que algo recorro, pero mucho menos de lo que ustedes piensan.

Mi día es: me despierto, me baño, desayuno en el hotel, me subo al auto, recorro 20 kilómetros hasta la oficina (que está en una “ciudad-pueblo-región-algo-asi” llamada Kefar Sava), trabajo de 9 a 13, salimos al centro comercial que está acá al lado para comer algo, a las 14 vuelvo y sigo trabajando hasta las 21 o 22, para luego volver en auto 20 kilómetros al hotel.

Ahora díganme “y dale, ahí podés salir…”.

Hoy nos agarró el tráfico (perdón, hoy formamos parte del tráfico). Nos costó mucho llegar. El GPS nos llevó por otro camino (ya hicimos tres o cuatro caminos distintos) y nos perdimos dos veces. (La vocecita diciendo “Keep straight” o “Turn right” ya me tiene un poco cansado). Estar detenido en plena ruta y que el GPS nos diga “This is the fastest route to your destination” es bastante deprimente.

Saqué un par de fotos (para quienes se desesperan por ellas… Cof, cof… Natalia, cof, cof, Adri… cof, cof…) las cuales ya subiré (en cuanto tenga ganas de enchufar la cámara a la notebook)  Es muy probable que mientras espere el avión tendré tiempo de subirlas todas (entre 3 y 7, seguramente ). Dicho sea de paso, le acabo de sacar una foto a un pizarrón en la oficina con una dirección de mail para no olvidarla. ¿Vale como recuerdo fotográfico del viaje?

Este idioma (o este pueblo) tiene algo extraño: mientras conversan hay momentos donde pareciera que estuvieran enojados. Y cuando miramos atentamente “la pelea” ambos empiezan a reír. ¿Será por la entonación del hebreo?

Hoy hablé con un flaco de acá que visitó Argentina durante 8 meses como turista. Recorrió en ese tiempo más ciudades argentinas de las que yo recorrí en toda mi vida. Vio todo. Desde Salta y Jujuy, pasando por Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Mendoza, San Juan, San Luis, Buenos Aires, Córdoba, Península Valdez, San Martín de los Andes, Bariloche, Villa La Angostura, El Calafate y Ushuaia… Impresionante. Y le encantó. De hecho, ama Argentina. ¡Grosso!

Hoy seguramente carguemos nafta. Veremos si en la estación de servicio nos entienden.

Anoche aprendí dos palabras nuevas. Y ya me las olvidé. Tengo que anotarlas…

Hace mucho que no canto. Hagámoslo con algo apropiado para la ocasión.

♩♬ So far from my homeland. I’m lost in time. My soul’s still searchin’. For that peace of mind. Those sacred landscapes. Come miles around. And my heart’s still beatin’. For those country grounds. ♩♬

 

17/02/2016

Acá en Israel existe un sistema de riego constante incluso para las plantas y árboles que hay en las veredas.

Cada árbol tiene a sus pies una manguera (pareciera de metal o algo así) rodeándolo la cual se prende y riega. Está en todos lados.

Y claro, un clima muy seco con riego generado por la mano humana. Creo que lo leí en algún libro de la secundaria.

 

17/02/2016

Hoy almorzamos en un típico restaurante de barrio (¡sacamos fotos!). Igualito que los de acá: mozos que te tiran la comida arriba de la mesa con cero tacto, como tiene que ser, claro.

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Claro que no tienen menú en inglés y tampoco lo hablan (solo el “jefe de mozos” y hasta ahí nomás). La comida llegó en 3 minutos (controlado, eh!). ¡Toneladas de comida! Y todo picante. Pero muy rico.

Hay un pan que hacen acá, redondo, terriblemente caliente que todo el mundo come. Muy liviano. Desaparece muy rápido y te lo traen como si te trajeran agua de la canilla.

Terminamos con un café muy fuerte que tenía un gusto raro… como a planta. Y venía acompañado por un roll que tenía pinta de “churro con verduras dentro” pero que era todo dulce.

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Eso si. La gente acá deja MUCHA comida en el plato. Lo notamos en el desayuno del hotel y en los restoranes. Se sirven de más, luego comen una parte, y dejan todo el resto que va a la basura. Parece que nunca sufrieron hambre. Y las mesas quedan sucias como si hubiera habido una guerra mientras comen. Muy raro.

 

17/02/2016

Cambian los países, cambian los pueblos, pero los baños son iguales en todos lados.

Con las mismas miserias.

 

17/02/2016

En todos lados hay tres tipos de azúcar: blanca, rubia y negra.

Tienen el mismo gusto, claro.

 

17/02/2016

Pensar en español y escuchar hebreo mientras escribo en inglés es una batalla interesante.

 

17/02/2016

17:30, noche cerrada.

 

17/02/2016

Acá hay un pibe que vino de la India. Habla igual que Apu.

“Graciass, vuelva prontoss”

 

18/02/2016

Boker Tov.

Nos acercamos al final. Y pese a que aún no pude visitar casi nada de Israel, anoche (luego de salir de la oficina cerca de las 8 de la noche) tuve lo que creo que es la mejor forma de conocer un país. No, no es yendo a lugares “importantes” como turista. Sino estando con gente del lugar.

Mi compañero colombiano tiene un amigo acá, colombiano también, que vive con su novia (colombiana criada en Israel). Viven en Bat-Yam, cerca de Tel Aviv. Así que anoche nos fuimos para su casa para pasar una de las noches más interesantes que he tenido desde que llegué acá.

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Primero es imposible no nombrar la amabilidad que tuvieron en recibirnos en su casa. Subir a un edificio de cuatro pisos por escalera puede parecer simplemente agotador, pero es mucho más extraño por la configuración misma del edificio (la escalera sube por el medio del edificio pero al aire libre, o casi) y mucho más fuerte por las pequeñas grandes diferencias que uno ve cuando la compara con la casa propia.

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Luego de estar un rato ahí y tomar un jugo de mandarina, nos fuimos a caminar hacia la playa de Bat-Yam. Habremos caminado, no sé, quince o veinte minutos en donde pude apreciar miles de imágenes nuevas para mi: edificios, sinagogas, plazas, negocios, carteles y hasta conectores para la manguera de los bomberos.

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Hasta vimos como se cagan en las prohibiciones de estacionar (pero se recontra cagan, eh!)

Durante toda la noche, nos contaron cosas sobre su vida, sobre cómo fue que llegaron de Colombia a Israel, de sus luchas, de sus sueños… Y un montón de datos sobre lo que es la vida en esa zona. Las comidas, las bebidas, las costumbres, la idiosincrasia, el clima, las amistades, la familia, las mascotas, los transportes, los alquileres, los precios, la influencia de Estados Unidos, de cómo está desapareciendo poco a poco la ortodoxia y de cómo cada vez hay más y más israelíes que se han vuelto más occidentales. Y muchas cosas más. Es casi imposible recordar todo.

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Nos hablaron de la guerra, de los aviones, de las bombas y del sistema de seguridad que tienen en donde cualquier misil puede ser interceptado antes de que llegue a la ciudad. Y de sus miedos cuando escuchaban por primera vez las alarmas ante alguna amenaza. Y de la vez que estuvieron bajo las esquirlas de un misil que fue destruido por ese sistema.

Y de los miedos de sus familias ante la mudanza a una zona que occidente ve como peligrosa.

Llegamos a la playa bordeada por una avenida (Derech Ben Gurion) y se abrió ante nosotros una monumental zona comercial llena de bares y restaurantes. Ahí nos metimos en גורילה בר קפה – Gorilla Bar Café, un muy bonito restaurante donde comí… no sé qué con no sé cual…  Por suerte ella hablaba muy bien hebrero y nos ayudó a pedir algo rico.

¿Qué se puede agregar a algo así? Horas de charlas y anécdotas, de actitudes y formas, de vidas, de sueños, de lágrimas, de la vida.

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Luego de comer bajamos a la playa y vimos unas de las imágenes más bonitas de las que he tenido la posibilidad de ver: en medio de la noche el reflejo de la luna sobre el Mar Mediterráneo generaba una luminosidad que permitía distinguir a lo lejos la diferencia entre la negrura del cielo y la negrura del mar. Una belleza. Seguramente ustedes me pedirán foto. Si, saqué fotos. Pero olvídense de que se vea lo que vi. Van a ver un cuadrado negro, nada más. Acá es donde queda demostrado la inutilidad de las fotos. Nada va a poder retratar la imagen que tengo en mi mente.

Y la luna, enorme, me mostró que es al revés que acá: cuando tiene forma de C está en cuarto decreciente. Una particularidad que ocurre porque estoy del otro lado del Ecuador.

La arena, blanca y muy fina. Y durante la caminata bajo un clima templado, nos cruzamos con una típica fiesta judía que estaba ocurriendo al lado de la playa. Y bailaba y reían y eran felices.

Y nosotros caminábamos bajo la luz de la luna y el ruido del mar.

Volví al hotel maravillado de tantas anécdotas, de tanta información, de tanta realidad.

Realidad que no te muestra ningún tour, ningún guía, ni puede retratar ninguna cámara de fotos.

 

18/02/2016

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Pedimos te helado y nos trajeron un tecito caliente. Mierda que hablamos mal, dijimos.

Se habían equivocado.

 

18/02/2016

Hoy me pedí un plato raro, con nombre raro. Era una milanesa de pollo con puré.

 

18/02/2016

¿Querían fotos? Explíquenme qué hace esta campanita en una juguetería de Kfer Saba.

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18/02/2016

A mis amigos que diseñan y/o desarrollan sitios web: acá hay que pensar los diseños dos veces porque cuando se pasan a hebreo cambia todo de posición, o casi porque hay cosas que se mantienen. Es como una versión reflejo, pero no tanto.

Un lío.

 

18/02/2016

Empezó a sonar una alarma en el edificio… ¿Salimos corriendo? ¿Nos escondemos debajo de la mesa? ¿Nos ponemos a rezar?

No, no… Solamente un “error”.

Pero avisen, che! ‘ta madre!!!

 

18/02/2016

Fuimos a almorzar. Pedimos el menú en inglés. Nos dieron el menú… que era una tablet. Hicieron tap en el botoncito “English” y ahí lo teníamos: 100% en inglés. Navegabas por la app eligiendo lo que querías.

El futuro llegó hace rato.

 

19/02/2016

Señoras, señores, hoy si. En un rato me voy para Jerusalem a ver ese pedazo de historia. Vamos por nuestra cuenta como turistas profesionales. Je…

Nos dijeron que es una zona peligrosa, pero intuyo que esta gente nunca se tomó el Roca.

 

19/02/2016

Misión cumplida. Llegué al Muro de los Lamentos y a la Iglesia del Santo Sepulcro. Un momento muy fuerte, sean cual sean tus creencias. 150 kilómetros recorridos en un día. ¡No saben cómo voy a dormir en el viaje!

Ya estoy en el aeropuerto. Tuve que pasar 4 controles. Durísimos. Me tocó la línea de los “mmmmm-sospechoso”. Me controlaron CABLE por CABLE. Me hicieron sacar todo. Faltó el análisis de sangre y orina. Y un montón de preguntas.

“Existe la posibilidad de que alguien haya puesto explosivos en su equipaje”, me dijeron. Me tuve que ir a cambiar los calzones luego de eso.

Y en mi misma fila los árabes, los africanos y los latinos. Los blanquitos pasaban todos, en limusina y con champagne.

Bueno, ya pasó. En una hora me subo a la máquina del tiempo para volver al pasado. Debería estar llegando primero a Roma y luego a Buenos Aires a la mañana del sábado.

Nos vemos allá.

 

19/02/2016

Esperando para abordar en Roma.

Claro, estoy vestido para el clima de Buenos Aires. Pero estoy en Roma… y tuve que tomarme DOS bondis dentro del aeropuerto para llegar a la puerta de embarque. Es decir, salir al aire libre. En Roma. En Invierno.

En resumen, cagado de frío. Pero todo bien. Ya subo.

En estos momento se acaban de parar todos para empezar a hacer una cola ENORME para subir al avión. Como si fuesen a obtener un mejor lugar, je…

Acá espero.

 

19/02/2016

Mientras espero, escucho música.

Y silbo.

Y me miran.

Tengo hambre. Los que definen los menúes en los aviones merecerían vivir a “comida de avión”.

Que bueno que no soy estrella de rock. Esto de ir en ciudad en ciudad, de aeropuerto en aeropuerto no da. (??)

 

19/02/2016

¡Noooo! La familia chilena compuesta por 12 (!) personas que rompieron las bolas en el primer viaje se toman este a Buenos Aires.

¡Noooo!

Creo que me vuelvo a dedo…

 

20/02/2016

Bueno, señoras y señores, ya estoy en casa.

Un jornada agotadora que arrancó el viernes a las 2 de la mañana de Argentina (7 de Israel) cuando me levanté. El avión salía a las 5 de la tarde, es decir que tenía 10 horas para levantarme, bañarme, desayunar, hacer el check-out, conducir 100 kms desde Netanya hasta Jerusalem, intentar ver algo de todo lo que hay ahí y manejar otros 50 kms al aeropuerto.

Parece un montón de tiempo.

No lo es.

Partimos raudamente del hotel hacia Jerusalem. Varias personas de ahí nos había dicho que podía ser un lugar peligroso. Pero nada, que no le prestemos mucha atención a lo que dicen.

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La transformación del paisaje plano a las colinas que predominan en Jerusalem es MUY notorio. De hecho, el auto automático empezó a pedir la hora (si, sé que si se lo pasa a manual… pero apenas podía manejar de esa manera y no iba a aprender otra forma ahora). La ruta da vueltas y vueltas y vueltas y vueltas… No íbamos con guía sino por lo que había leído en Internet.

Finalmente el GPS, luego de marearnos en pleno Jerusalem (una ciudad hermosa, sin dudas), nos dejó en una estación de tren que estaba cerca de la Ciudad Antigua de Jerusalem (a donde queríamos ir, claro).

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La caminata desde al auto hasta las puertas de la ciudad fue increíble. Pasamos por unas casas de piedras que estaban en desnivel (por las colinas), así que uno iba bajando escaleras sin tiempo de ver y sacar fotos a la vez (si… saqué fotos… como están, eh!). Estas casas era como un mini barrio entre el parque Blumfield y el parque Mitchell (lo veo en el Google Maps, sino ni idea, eh!).

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Finalmente llegamos a las puertas de la vieja ciudad. Porque claro, en esa época las ciudades estaban cercados por muros gigantes para protegerse de los invasores. O eso creo.  (El flaco tira data sin saber…  )

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Y cuando ingresamos a la ciudad…

Wow…

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La máquina del tiempo actuó nuevamente y nos llevó al pasado (o casi). Ante nosotros un INMENSO mercado como esos que vemos en las películas. Estrechas callecitas de piedras, con techos de concreto, y a los costados un puesto al lado del otro.

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Joyería, recuerdos, telas, ropas, souvenirs, comidas, postres, cambio… y celulares, y chips y DVDs… Porque un mercado es eso.

Mientras caminábamos los que atendían los locales nos invitaban a pasar: “com tu mai estor. fifti percent dicont. com. com. ai giv iu gif.”. Era un caos para los sentidos. La gente era una mezcla de turistas con habitantes locales y militares con armas largas. Muchas mujeres tapadas de pies a cabeza y mucha ortodoxia.

No sabíamos para donde mirar. Para adelante, para atrás, para los costados, para el piso, para el techo… Todo tan extraño a lo que acostumbramos, todo tan igual.

Cada tanto un cartelito decía “Western Wall” (el Muro de los Lamentos, nuestro objetivo principal). Así que para ahí íbamos. Vueltas, vueltas, vueltas… Los pasillos se hacían más angostos, más oscuros… Hay que recordar que era viernes casi al mediodía. En cuanto saliera la primera estrella comenzaba el Shabbat con lo cual la gran mayoría de los negocios empezaban a cerrar.

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Luego de dar vueltas y de sentir que el muro no iba a aparecer jamás llegamos a un camino con un cartel de advertencia avisando que el lugar era sagrado y que no se podía comer, ni vestirse de manera indecorosa y algunas cosas más. Dimos la vuelta y…

… (suspiro)…

El muro en todo su esplendor.

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Quedé impactado.

Para ingresar tuvimos que pasar por un control (como si fuera un aeropuerto) y luego si, bajar unas escaleras para estar en una plaza que está frente a él y avanzar. El muro está dividido en dos: una parte para los hombres y otra para las mujeres. Para estar junto a él es indispensable taparse la cabeza, ya sea con un sombrero, gorra o kippah. Nosotros no teníamos nada de eso, pero por suerte ahí te dan kippahs de onda para que uses de manera temporal. Así que me puse uno y avancé (si, tengo foto con el kippah… morbosos! ).

Delante de él, muchos judíos ortodoxos realizan sus plegarias de pie o sentados, muchos en voz alta. Cantando. Alabando. Pidiendo. Agradeciendo. Tal vez todo a la vez. Tal vez nada que ver. La imagen es poderosa.

Finalmente, luego de tanto viaje, de tanto trabajo y de tantas vueltas, toqué el muro, que representa para miles de millones de personas a lo largo de la historia mucho más de lo que podemos imaginar. Que fue construido en el siglo X antes de Cristo. Hace unos tres mil años, ponele.

Tres mil años.

Un símbolo para miles de millones de personas.

Y yo ahí, con una mano sobre él, con mil cosas en mi cabeza.

Y fue un momento especial que me guardo para mi y para mi alma.

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Dejé los correspondientes papelitos (hay millones, es impresionante), dejamos el kippah e intentamos ver si podíamos hacer la caminaba debajo del muro, pero ya estaba cerrado (recuerden que se venía el Shabbat).

Así que salimos y nos fuimos a buscar la Iglesia del Santo Sepulcro.

Otra vez recorrimos las calles y pasamos entre medio de los mercaderes (si, si… otra vez los mercaderes como en las películas). Por alto parlantes comenzó a sonar la voz de una persona que cantaba, no sé, unas alabanzas o algo así. Muy surrealista.

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En poco minutos habíamos dado con la Iglesia. Lo extraño es que no hay ningún control para acceder a ella (a diferencia de lo que fue llegar al muro).

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La Iglesia es grande, oscura y antigua. Apenas uno accede se encuentra La Piedra del Ungimiento donde se cree que se ungió a Jesús luego de muerto y antes de ser enterrado. La gente se arrodillaba sobre ella, la besaba, rezaban y lloraban.

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Poco metros a la izquierda nos encontramos con algo realmente sobrecogedor: el Edículo: el lugar que contiene el Santo Sepulcro. El lugar donde se cree que Jesús fue enterrado. Una pequeña estructura de piedra con una pequeña puerta delante y donde solo se podía pasar de a pocas personas a la vez.

La cola era larga, pero decidimos hacerla pese al poco tiempo. Ya estábamos ahí, ¿no?

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Cuando entramos accedimos a una pequeña antesala para luego pasar a la muy-pequeña sala mortuoria a través de una puerta tan baja que tenés que agacharte para acceder.

Y ahí estaba. En quizás uno de los lugares más santos para los Cristianos: el lugar donde se cree que fue enterrado Jesús. El peso histórico y religioso de la imagen que tenía delante de mi era muy fuerte. Dos mil años de historia. Quizás tenga más peso que todo el Vaticano junto.

“Nou fotos”, nos dijeron. Así que accedí y mientras estaba arrodillado (cabíamos solo tres ahí dentro) hice lo posible para filmar (dijo “Nou fotos”, no “Nou film” ). Todavía no pude ver si salió bien ya que la cámara murió minutos después (la estoy cargando ahora).

Nuevamente el momento fue muy fuerte y nuevamente guardaré para mi lo que conversé con mi alma en esos momentos.

Luego de estar ahí dos o tres minutos, salimos. El tiempo apremiaba y me quedé con ganas de acceder al lugar donde Jesús había sido crucificado… Ay, Martín, estabas ahí. Si, ya sé. No había tiempo. Tenía que ir al aeropuerto.

Apuramos el paso entre los mercaderes que habían empezado a vender comida: carne, pollo, pescado (sin hielo!!), frutas, verduras… Todos a los gritos, como en el Mercado Central, pero en hebreo. Todo muy “época antigua”, pero con celulares y WhatsApp.

Llegamos al auto luego de una larga caminata y volamos al aeropuerto. (je… volamos… aeropuerto… ).

Ingresar al aeropuerto empezó difícil: nos detuvieron con el auto en la entrada y nos preguntaron de dónde éramos, a dónde íbamos, nos pidieron el pasaporte y luego nos hicieron bajar del auto y abrir el baúl. Igual, no entiendo qué buscaban. En un minuto, ¿qué hubiesen podido encontrar?

Cuando dejé el auto en manos de mi compañero y fui a la puerta de ingreso del aeropuerto, me detuvo un flaco de seguridad: buenas tarde, me dijo, pasaporte por favor. ¿De dónde es? ¿A dónde va? ¿En qué llegó? ¿Qué vuelo tiene? ¿A qué hora sale su vuelo? ¿Lleva armas de fuego encima? (!!!!).

Me hizo dejar todo a un costado y pasar por un detector de metales. Por suerte, limpio.

Hice el check-in rápido, pero el flaco de Alitalia me dijo: ¿hiciste el control del equipaje? No, le dije. Ok, andá allá, hacé el control y luego despachás la valija.

Así que otro flaco de seguridad me hizo el TERCER control. Sus preguntas: duras y directas (con cara de mala onda).

¿De dónde es? ¿A dónde viaja? ¿Hora del vuelo? ¿Qué lleva en las valijas? ¿Cómo llegó acá? ¿Para qué vino? ¿Qué clase de negocios vino a hacer? ¿En qué empresa trabajó? ¿Dónde se alojó? ¿Por qué el hotel está tan lejos de las oficinas? ¿Lleva armas encima? ¿Estuvo usted todo el tiempo con su valija encima? Le pregunto esto porque puede existir la posibilidad de que a su valija le hayan puesto explosivos para detonar en el avión.

Me hice pis, caca, y otras cosas que no sabía que tenía.

Cuando pasé ese tortuoso control hice el check-in y me acerque al mayor control que me han hecho en mi vida: el control de las cosas de mano (mi mochila, bah…).

¿Vieron la cola para pasar por rayos-x? Bueno, esa. Primero me sacaron de la cola (mientras los rubios de ojos verdes pasan caminando como si nada). Me llevaron a otro lugar muy atentamente pero bien controlado por DOS personas. Me pusieron en la cola de los “pelotudos-que-parecen-terroristas-solamente-porque-nacimos-en-latinoamérica-áfrica-asia-o-todo-lugar-que-nos-parezca-sospechoso”.

El control fue muy duro. Paso a detallar:

Primero, todas las preguntas que me hicieron antes.

Luego me hicieron sacar todo de la mochila. Todo. Tenían una bolsita negra de Coto con todos los cables. Al flaco casi le agarra un ataque. Para que entiendan yo llevaba: notebook, kindle, celular, iPod, cámara de fotos, cargador de la notebook, cable para el kindle, cargador para el celular, cargador de la cámara de fotos, cables para la cámara de fotos, cable para el iPod, cargador para el iPod, mis auriculares, los auriculares del laburo… Y también sacar los regalos, los caramelos, la billetera, las monedas, el pendrive, los papeles, el anotador, el desodorante a bolilla, la birome.

Todo por rayos-x.

Me hizo a un lado (se sorprendió que yo hablara inglés) y me hizo parar en una plataforma y con un “cosito que era un palito negro con un circulo blanco en la punta” lo pasó por mis zapatillas, pantalones y remera. Metió el cosito blanco en una máquina que lo analizó y dio por pantalla un resultado verde (si llegaba a dar de otro color, me moría ahí).

Hizo lo mismo con uno y cada uno de los artículos que les detallé. Uno a uno. Cable a cable. Y los pasaba por la máquina. Y daba siempre verde. Me dijeron que ahí detectan drogas o explosivos.

Finalmente, ya medio podrido de todo ésto, llegué a migraciones… y empezaron nuevamente las preguntas. ¡Dios santo! La próxima vez me las llevo en fotocopias y las reparto.

Luego de tanto vuelta pude subir a esa extraña máquina del tiempo para volver al hoy.

La vuelta agotadora (no dormí) pero muy amena. Conversando todo el viaje con gente de Israel y de Austria. Muy copados. Todos yendo de vacaciones a Argentina (Buenos Aires, Calafate, Bariloche, Puerto Madryn, allá van!).

Finalmente llegué a Buenos Aires. Y acá estoy. En casa. Parte de lo que leyeron lo fui escribiendo durante el viaje. Llevo más de 36 horas despierto. El jetlag ahora si me va a afectar. Pero bueno. Fue una hermosa experiencia. Conocí gente muy copada (Tzion, I hope to see you in Buenos Aires someday, man!). Dura en lo que respecta al laburo, pero enriquecedora desde otros puntos de vista. Me quedé con ganas de ver más, pero no se pudo. Les juro que hice lo que pude.

En serio.

Bueno, acá termina mi diario de viaje. Gracias a los que estuvieron ahí dando Me Gusta y comentando. Me sentía muy bien cuando desde allá veía que estaban ahí.

En los próximos días voy a subir las fotos, a modo de apéndice.

Gracias.

Fin de la trasmisión.

Dije fin de la transmisión. No hay nada más (bueno, si, hay mucho) pero acá se acabó. Basta.

Listo, dije. Apaguen.

¿Pueden apagar de una buena v…?

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