El ángel rechazado


Not Johnny Cash

Foto: John Mueller

¿Cómo explicarles lo que fue ver llegar a esa chica a la sala de emergencias? Estaba muy lastimada. Tenía cortes en todo el cuerpo, quemaduras, magullones y un ojo en compota. Lo peor era que estaba embarazada de seis meses. Al principio temimos por el bebé, pero luego de los primeros estudios vimos que estaba bien. Es raro, pensamos, con tantos golpes es una suerte que el chico esté bien.

La atendimos lo mejor que pudimos. Estaba en shock y no se acordaba nada de lo que había pasado. Cuando estuvo un poco más consiente, habló de cómo el marido la cagó a palos. Al parecer una estupidez casi termina en tragedia. Hicimos la denuncia, como corresponde, y vino la policía a averiguar más. Al día siguiente lo habían detenido. El hijo de puta negaba todo. Decía no había tenido nada que ver, que él era inocente, que la mujer era una mentirosa y ese tipo de excusas. El tipo no tenía ni coartada.

Estuvo algunas semanas en la cárcel donde los policías lo molieron a palos. A ver si te hacés el macho con nosotros, le decían, mientras le pegaban en los huevos con los borceguíes. La pasó mal, sin dudas.

La chica se recompuso a las pocas semanas. Por suerte todo lo que tenía era más superficial que otra cosa. Se fue a la casa con una sonrisa. Nosotras pensamos que ahora que el marido estaba detenido, ella iba a estar más tranquila.

Un mes después, lo habían liberado… y a los dos días la chica volvió a caer en la sala de emergencias. Otra vez estaba toda golpeada. ¡No saben cómo nos pusimos! ¡Qué hijo de puta! Yo personalmente llamé al comisario y le comenté el tema. Volvieron a detener al marido, que aún tenía la otra causa abierta, y lo volvieron a cagar a trompadas. Hasta lo picanearon, se decía. Esta vez se quedó adentro y todas respiramos aliviadas. Ahora sí sabíamos que la chica no iba a tener más problemas.

Lo extraño ocurrió cuando nos llamaron desde la casa de una vecina de ella. Al parecer hubo una pelea y la chica estaba otra vez complicada. Fuimos con la policía a ver y la sorpresa fue mayúscula. Me tuvieron que contar la historia tres veces para poder creerla.

La chica había quedado embarazada de su marido, pero no quería tener al pibe. Ella quería sacárselo pero él no la dejaba. Entonces ella, en ataques de furia por el hijo no querido, enloquecía, se golpeaba y lastimaba. Se pegaba contra los muebles, se quemaba con cigarrillos, se cortaba con cuchillos, se arrancaba los pelos. Parecía como si se quisiera matar. Las sesiones eran tan violentas que terminaba desangrada y casi inconsciente. Incluso una de las veces había intentado meterse unas agujas de tejer para abortar, pero nunca había conseguido su objetivo.

Al marido lo liberaron, aunque quedó medio tocado por esos meses que pasó preso. A la chica la internaron bajo observación hasta que tuvo a su hijo: un gordito que pesó casi cuatro kilos, ojitos marrones; era hermoso, pero ella nunca quiso verlo. Tampoco al marido le interesó ver al pibe. Ella seguía pensando que estaba embarazada, así que ante cada oportunidad, se volvía a lastimar.

Creo que ambos están aún por ahí. Él deambula por las calles perdido en su mente y ella lucha contra su propia ira encerrada en una habitación del loquero.

Pobre la vida que le tocó al pibito.

 


 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: