No te lo permitiré


notelopermitire
Foto: Desconocido

Este texto y su imagen se publicaron originalmente en el número de febrero de 2013 de Percha Mag, la cual pueden descargar de manera gratuita desde el sitio de la revista.

Sabrina y Gloria eran dos amigas de la infancia. Se conocieron cuando tenían tres años ya que sus mamás eran amigas. Crecieron juntas, jugaron juntas y aprendieron juntas. En la primaria fueron inseparables. Eran muy buenas alumnas y las maestras no tenían problemas en que se sentaran en el mismo banco. Así llegaron a la secundaria como mejores amigas.

Cuando cumplieron catorce años, se empezaron a notar algunas diferencias entre ambas: Sabrina se estaba convirtiendo de a poco en una bella mujer, mientras que Gloria notaba que no había sido agraciada con ese don. Muy pronto los chicos empezaron a buscar a Sabrina y a ignorar a Gloria.

A los dieciséis años las diferencias eran notorias: mientras Sabrina empezaba a mostrar su joven cuerpo muy bien desarrollado junto a sus bellas facciones, Gloria peleaba con su peso que aumentaba por de más y con el espejo que la mostraba fea y poco deseada. Sabrina sabía que los chicos morían por ella y explotaba sus fortalezas para divertirse y disfrutar. Gloria por su parte peleó contra sus demonios al verse gorda, fea y notar que los chicos apenas si le hablaban.

Pese a estas diferencias, la amistad se mantuvo incólume y ambas continuaban apoyándose una a otra. Sabrina contaba sus nuevas experiencias, sus descubrimientos, sus miedos y sus alegrías, mientras que Gloria contaba sobre sus tristezas, sus sueños y sus anhelos de cambio.

Una noche, cuando ambas tenían veinte años, Sabrina le contó a Gloria que moría de amor por Adrián, uno de los chicos que paraba en la esquina, a quien venía buscando hacía tiempo. Y que esa noche, en la fiesta, iba a utilizar todas sus armas de seducción para que éste tomara el toro por las astas. Adrián era ese amor imposible que Sabrina deseaba tener para sí. Gloria se puso muy contenta por su amiga y deseaba, alguna vez, tener esa posibilidad. Se preguntó por qué a ella le había tocado ser el patito feo del cuento.

La noche de la fiesta Sabrina, que estaba infartante con un vestido increíblemente corto y escotado, no le quitó la vista a Adrián en toda la velada. Hablaba con Gloria con un trago en la mano mientras lo miraba fijo mientras él, desde lejos, mantenía la mirada sobre ellas. Gloria lo miró un par de veces para admirar lo lindo que era mientras suspiraba resignada.

Cerca de las tres de la mañana y luego de haberse tomado cinco vasos de cerveza, Sabrina estaba lo suficientemente entonada para intentar hablar con Adrián por su cuenta. Tenía ganas que él, con sus brazos musculosos, la abrazara y la hiciera transpirar toda la noche.

Sabrina le guiño un ojo a Gloria y fue a hablar con él. Las primeras frases fueron muy triviales y eso la descolocó. ¿Qué le pasaba? ¿Acaso no le gustaba? ¿Y si le gustaban los hombres? No, no podía ser. Sería un desperdicio, pensaba mientras seguía jugueteando con el vaso.

En un momento la conversación se desvió para un lugar impensado.

—Sabrina, ¿te puedo hacer una pregunta? —. Ella se acercó un poco mientras asentía casi con un ronroneo—. ¿Esa chica que estaba con vos, es amiga tuya?

Sabrina se detuvo en seco y miró hacia donde estaba Gloria.

—Si, es Gloria, mi amiga. ¿Por?

—Me enteré que está estudiando veterinaria, ¿puede ser?

—Si, hace un par de años. Pero, ¿para qué querés saber eso?

—Uy, yo tenía ganas de estudiar eso y me gustaría aprovechar y preguntarle. Parece ser buena mina, ¿no? Está siempre sola, pero cuando la veo, algo me genera. Che, ¿sabés si tiene novio?

Sabrina levantó temperatura. ¿Cómo podía ser que se fijara en su amiga y no en ella? Gloria era gorda y fea y ella era una diosa. No podía ser. Tenía que hacer algo al respecto. Una idea cruzó su cabeza y, rápida de reflejos acotó:

—Si, hablá con ella sobre la facultad. Pero del resto, olvidate. Le gustan las minas. No creo que te de bola, pero hablale, quizás tengas suerte.

—¿En serio? Mirá vos, no me lo hubiera imaginado.

La noche continuó su curso mientras Sabrina siguió seduciendo a Adrián. Y Gloria se quedó ahí, sola, esperando para ver si se volvía a casa sola o con su amiga.

 


 

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