Buscavidas


Paul Newman en The Hustler

Foto: Paul Newman – The Hustler

Este texto se publicó originalmente en el número de febrero de 2013 de Percha Mag, la cual pueden descargar de manera gratuita desde el sitio de la revista.

De pibe era un rebelde. No me importaba ni el colegio, ni las responsabilidades, ni ninguna de esas cosas, ¿sabés? Mi vieja estuvo cada día de mi juventud rompiéndome las bolas para que estudie o para que haga algo de mi vida. ¿Para qué?, le preguntaba. Nunca me interesó. Siempre preferí quedarme en casa o, eventualmente, salir con los pibes a boludear por ahí. Mi vieja era así, siempre se preocupaba por esas cosas. A mi viejo nunca lo conocí. Creo que mi vieja era medio atorranta y por eso caí al mundo. No sé, nunca me explicó bien cómo fue el asunto.

Cuando cumplí quince años me empecé a cansar de ir al colegio, así que me quedaba durmiendo casi todo el día. Como mi vieja salía a laburar muy temprano, yo me quedaba torrando todo el día. Luego, cuando ella llegaba a las ocho de la noche, yo le decía que había ido al colegio. Pero si se daba cuenta de la mentira, me cagaba a palos.

Un día, a los diecisiete, la vieja se puso firme: o laburaba o me iba de casa. Si má, le dije, voy a laburar. Pero nunca lo hice. A veces salía por ahí y conseguía algo de guita, pero no mucha. Ella pensaba que estaba enderezando mi camino. Que boluda. Claro, un día se dio cuenta y me rajó de casa. Fueron unos meses complicados. Primero porque no sabía cómo hacer para conseguir un mango y morfar y luego, porque me di cuenta que no era suficiente comer, sino que tenía que hacer algo con la ropa y la mugre.

Las cosas mejoraron cuando la conocí a mi mujer. Estábamos los dos en la lona, pero ella había pegado un laburo y a mí me convenía. Ella se tragó el cuento del amor y todas esas pavadas. Cuando empezó a cobrar, nos buscamos un techo y ahí armamos la familia. Al principio yo no quería tener hijos. Imaginate: si ella no laburaba, no comíamos. Pero aguantamos bien. Ella siguió laburando y yo seguía zafando. Cuidaba a los chicos en casa, pero no les daba ni bola. ¡Que se críen en la calle, che! A mí que no me jodan.

Luego de doce años juntos ella me dio una patada en el orto. En esos años yo había laburado muy poco, pero ella me lo bancaba. Siempre me lo reprochó pero me decía que me amaba y qué sé yo qué otras cosas. Al final, cuando me encontró en el catre con la prima de ella, se pudrió todo y me mandó a la mierda. ¡Uy, no sabés! Tuve que arrancar de nuevo, pero se me hizo más cuesta arriba que antes. No tengo mucho más para contar.

—Y ahora, ¿qué pensás luego de todos estos años? —preguntó el cura.

—No sé, no me interesa hablar mucho más. Lo único que he intentado es comer de arriba, intentar zafar de laburar.

—¿Y creés que es un balance positivo el que hacés?

—Mire cura, desde chico me rasco las bolas, desde chico me las ingenié para vivir casi sin mover un pelo. Me podrá acusar de perezoso, pero hay que ser muy inteligente para vivir todos estos años de arriba.

—Pero flaco, tenés cuarenta años y terminar en un hospital por vivir de basural en basural, ¿qué tiene de inteligente?

—Cura, viví mi vida lo mejor que pude. Lo poco que gané, me sirvió para comer, pero no le debo nada a nadie. ¿Qué más puedo pedir? Soy feliz viviendo así.

 


 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: