Unos minutos, una respuesta


Francisco Giudici

Pintura: Francisco Giudici (Coki)

Quiero agradecer a Francisco Giudici (Coki) por haberme prestado la bella pintura que ilustra el post, en la cual me basé para crear el siguiente texto. Les recomiendo que visiten ArtdeCok donde podrán conocer más obras de este gran artista argentino. ¡Gracias Coki!

Se detuvo de improvisto en el lugar, ahí donde nadie lo esperaba, para arrodillarse. La multitud a su alrededor, que caminaba por la peatonal en el mismo sentido, empezó a esquivarlo contrariada por la extraña actitud. Algunos lo sorteaban por derecha, otros por izquierda, mientras que un pequeño grupo, inevitablemente, se tropezaban con él. Las quejas se multiplicaban pero no pasaban a mayores. Un insulto acá, otro allá, algún celular que salía despedido por los aires. Nada grave.

Él se mantuvo arrodillado apoyando su cuerpo sobre los talones, cerró los ojos y agachó la cabeza. Poco a poco el caos a su alrededor empezó a disolverse, a desaparecer como si giraran una gran perilla universal que controlara el ruido y el movimiento de las cosas. De un momento a otro dejó de haber gente caminando por la calle, dejó de sentirlos tropezándose con su persona, de escuchar el griterío, de oír a los autos que pasaban por la avenida que cruzaba la peatonal a no más de treinta metros, de percibir a las motos sorteando gente, de ver a los vendedores ambulantes ofreciendo a viva voz sus productos e incluso de sentir a esos músicos que tocaban todos los mediodías en la misma esquina a cambio de una ayuda, por mínima que sea. Todo empezó a desvanecerse, lentamente, como en un sueño. Empezó a estar él, solamente él, con su propio ser en la penumbra de su alma. El silencio empezó a ser infinito.

Y comenzó a pensar. Pausadamente, sin apuro…

El mundo se había detenido a su alrededor. Su respiración era calmada y serena, y ante cada aliento podía apreciar el aire recorriendo sus pulmones. Escuchaba atentamente ese pequeño zumbido que hacía su nariz ante cada inhalación y su boca ante cada exhalación. En medio de esa concentración pudo sentir el latido de su corazón bombeando tranquilamente, con ritmo constante. Hasta notó cómo, imperceptiblemente, el cuerpo se movía involuntariamente ante ese movimiento reflejo del músculo, madre de todos los músculos y musa inspiradora de todas las eras. Nada importaba en ese instante y podía tomarse todo el tiempo que le fuera necesario para analizar la situación, para comprender, para entender, para poder sacar a la luz eso que tanto lo preocupaba. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Para qué? ¿Quién? ¿Quiénes? ¿Cuál? Pero especialmente, ¿por qué? Las preguntas comenzaban a brotar de su corazón y llegaban a su cerebro como flechas que surcan el aire en búsqueda del lejano blanco.

Este era su momento y debía aprovecharlo cuidadosamente. Su mente retrocedió en el tiempo y comenzó a buscar respuestas. Recordó cada año de su vida, cada mes, cada día, cada minuto investigando, averiguando, intentando encontrar ante cada una de las bifurcaciones cuáles fueron las correctas y cuáles las incorrectas. Niñez, juventud, adolescencia, adultez; otoños, inviernos, primaveras, veranos; trabajos, vacaciones; felicidades, alegrías, despreocupaciones; congojas, tristezas, problemas; amor, odio. Las imágenes recorrían su mente en variado orden: a veces seguían un patrón cronológico, pero a veces se agrupaban de la manera que simplemente fuesen más comprensibles para él. Los colores se confundían y mezclaban en un caos lumínico.

Hasta que el análisis trascendió la mera búsqueda y empezó a hilar fino, a buscar esos pormenores que le dieran luz. Su mente detuvo la exploración y comenzó el análisis de las situaciones detalladamente. Recordó cada palabra, cada frase, cada acción. Se vio a si mismo aprobando, negando, sonriendo, preguntando, enojándose, disfrutando, dejándose llevar. Las situaciones cambiaron, cambió la fecha y se vio en otro momento, en otro lugar. Y volvió a leer sus labios, a escucharse, a escuchar. Intentaba encontrar ESE momento. Las imágenes y los instantes se multiplicaron. El tiempo avanzó, retrocedió, se detuvo, volvió a avanzar, volvió a detenerse. Una, dos, mil veces. Las frases se hacían eco una tras otra. En cada repetición su mente descartaba las que no tenían importancia, sentido o simplemente no eran la que buscaba.

Empezó a transpirar sin darse cuenta, su cuerpo se movía para adelante y para atrás en estado de trance. Al principio casi imperceptiblemente, pero a medida que pasaban los minutos ese movimiento aumentó en intensidad y velocidad.

En su interior, las situaciones e imágenes pasaban cada vez con mayor velocidad, pero se iban reduciendo en cantidad. Su mente estaba haciendo una selección detallada con la ayuda de su corazón. Varios hechos se repetían una y otra vez; varias frases se repetían en un caos constante, casi enfermizo. Encontró puntos en común entre múltiples circunstancias, cabos sueltos que intentaría recordar para preguntar en otro momento y respuestas… muchas respuestas. El súmmum era casi insoportable. Las imágenes, el ruido, las preguntas, las respuestas, las conversaciones, las situaciones, los momentos, las personas, las horas, los días, los meses, los años, su vida…

… y…

… de un momento a otro, todo se detuvo. Una imagen, tan solo una imagen, quedó en su cabeza. Una imagen que tenía esas respuestas que estaba buscando.

Había comprendido.

Había entendido.

Abrió los ojos muy lentamente. La luz del sol empezó a invadir la penumbra que sus párpados habían generado. El cambio fue doloroso. Sintió su cuerpo mojado por la transpiración, donde gruesas gotas recorrían su espalda, un dolor en sus rodillas producto de la posición y a lo lejos, muy lejos, sonidos casi imperceptibles. Prestó un poco más de atención mientras éstos se iban definiendo para pasar de ser un murmullo lejano a frases con sentido. Intentó reconocer las imágenes, borrosas al principio, que se le presentaban delante de él. Varias personas de aspecto preocupado le hablaban. Al principio no las entendía, pero con el correr de los minutos las palabras comenzaron a tener sentido.

¿Está bien? ¿Qué le ocurrió? ¿Necesita algo? Ya llamaron a una ambulancia, están viniendo, repetían unos extraños visiblemente alarmados. Cuando las imágenes se hicieron nítidas miró a su alrededor para descubrir un círculo que se había formado en torno a él. Hombres, mujeres, empleados, cadetes, vendedores ambulantes, músicos, policías, médicos, curiosos, desconocidos todos, lo miraban atentamente. Algunos filmaban la situación para, tal vez, subir el video a Internet y obtener un poco de absurda y volátil fama.

Se sentía bien. Estaba entero pero algo preocupado. Ahora sabía el por qué pero debía actuar para intentar solucionarlo. No iba a ser fácil, para nada. Esa respuesta tan buscada no era la que hubiera querido. Pero vislumbró una salida, una solución. Se puso de pie para sorpresa del resto, quienes dieron un paso atrás para darle espacio. Ignorándolos miró para adelante con la respuesta en su mente. Tenía que actuar, ése era el momento. Empezó a caminar a paso firme para perderse entre la multitud.

Había comprendido.

Había entendido.

 


 

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