Ridi, pagliaccio


Eloy Marcelo Germán Coronado (20/11/1930 - 07/08/1998)

Eloy Marcelo Germán Coronado (20/11/1930 – 07/08/1998)

Tenía varias cosas para escribir, pero nunca me decidí por ninguna en particular. ¿Qué hacer? ¿Escribir con tristeza en conmemoración de tu partida o con alegría por el festejo de tu cumpleaños? Me decidí por esta última, pero re leyendo me doy cuenta que no lo logré. Hoy sería tu cumpleaños número 82. Un montón, sin dudas. Naciste allá lejos y hace tiempo, en noviembre de 1930, cuando el mundo era muy distinto al que hoy en día conocemos. Cuando miro qué otros acontecimientos ocurrieron durante ese año, me cruzo con hechos que me sorprenden: descubrieron Plutón, el ratón Mickey debuta en las tiras cómicas, se juega el primer mundial de fútbol o se inaugura la línea B de subtes. Datos fríos pero que me muestran qué tan lejos está 1930 de 2012. Era otro mundo en donde ni siquiera la televisión era común y la radio era la base de la diversión familiar media.

Es raro. Han pasado muchos años desde que te fuiste pero sin embargo hay momentos en los que pienso que todavía estás acá con nosotros. No sé por qué. En mi cabeza sigo con la idea de “mamá y papá” o “los viejos” como conjunto, como unidad. “Tengo que decirle a los viejos”, a veces pienso o “la casa de mamá y papá”. Es como un concepto del cual no me quiero despegar o como si no quisiera romper esa unión que me dio vida y me crió.

Existen imágenes que pasaron por mi existencia que nunca voy a olvidar ni se van a desvanecer. Un partido de pool en un bar de Salguero, una visita a algún museo, el Parque Rivadavia y su feria, un pequeño abrazo mientras cocinabas, alguna pincelada en aquellos interminables cuadros, el yogurt light con una cucharada de dulce de leche, tus enojos, tu voz, tus chistes, tus discos, el auto “verde trompada” y las calles cortadas que se interponían en tu camino. Como cantaba Bono, eres la razón por la cual la ópera está en mí. Fueron apenas veinticuatro años los que estuvimos juntos, los que ayer sentía como una eternidad pero que hoy veo como apenas un par de parpadeos en mi vida. Y en ese corto tiempo he tenido la suerte de conocerte lo suficiente para saber cómo eras, qué te motivaba, qué te guiaba, qué hacía que tu mundo gire. Me enseñaste muchas cosas algunas de las cuales, tal vez, no adquirí de entrada pero a medida que el tiempo pasa, que el mundo se me viene encima, vuelven a mi memoria tan vívidas como cuando me las pronunciaste en su momento. En más de una ocasión me escucho diciendo frases tan tuyas o escuchando a mi entorno comentando que “hace lo mismo que hacía el padre”. El legado, como repito una y otra vez.

Eras un personaje, ¿sabías? ¿Sabías que eras un tipo divertido al mismo tiempo que recto y coherente? ¿Sabías que te lloró mucha gente cuando te fuiste y que me costó mucho llorarte para cicatrizar la herida? ¿Sabías que me recibí, que tengo un trabajo estable, que tengo departamento y auto propio, que tengo una linda familia con una hija preciosa que sabe que estás en el cielo con Dios? ¿Sabías que el riff principal de Blackened me sigue sin salir bien aunque lo intente una y otra vez? ¿Sabías que estoy acá escribiendo sobre vos? ¿Sabías que te extraño?

Desde chico vengo escribiendo, poniendo en letras imágenes y conceptos que rondan mi cabeza y que intento plasmar coherentemente. Nadie me enseñó a hacerlo y no me es fácil. No es simple intentar expresarse de la manera que me gustaría hacerlo. De todas esas ideas que se me aparecen e intento traducir en palabras, este texto es el que más me ha costado escribir. Llevo años escribiéndote en cada ocasión que considero oportuna. Y cada vez borro y vuelvo a escribir, y borro y vuelvo a escribir. Me cuesta pronunciarme, unificar ideas que me expresen. No encuentro las palabras correctas para describir esas imágenes. Y pese a que no creo que estas frases cumplan su cometido ni te hagan justicia para que sepan quién eras, me parece que es el momento pertinente de sacarlo al mundo.

Dije que quería escribir un texto para celebrar tus 82 años, pero no me salió. Solamente pude dar un par de pinceladas de cuánto te extraño y de cuánto me hacés falta. A veces voy por el camino correcto, pero a veces me equivoco, y mucho, pero no lo hago de mala persona. A veces colapso bajo el peso del mundo que me rodea, como todos.

Feliz cumple, viejo. Pasala lindo, dale al dulce de leche a cucharadas que nadie te ve y ya nos volveremos a encontrar en algún lugar no muy lejos de acá.

 


 

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