Volviendo al hogar, pt. 1: Una tarde entre mates


Mate For Life
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jaxxon

Tomaba mate un sábado a la tarde pensando qué hacer. La monotonía lo había abrumado y decidió que era hora de dar un paso que ideó durante mucho tiempo. El día soleado y fresco era inspirador; abrió la ventana y respiró hondo para sentir ese aire que le daba fuerzas para dar el próximo paso. Santiago había estado muchos años notando que su vida, pese a ser cómoda, iba hacia ningún lado. Ahora quería viajar. Pero no pensaba hacerse un viajecito a la costa para pasar un fin de semana en Santa Teresita. No. Tampoco era su idea hacer el viaje a Europa que muchos desean toda su vida. No, no. Iba a viajar, pero de otra manera.

Tomó la pava con aire decidido mientras esbozaba una pequeña sonrisa cómplice con sus pensamientos. El agua caliente se deslizó por el pico y corrió prolijamente por la bombilla, como le había enseñado su abuela, para que el agua no queme la yerba, recordaba. El mate, calabacita en realidad, no contenía muy bien el calor y le quemaba los dedos, y pese a que le dolió, no le importó. Miró a su alrededor para pensar claramente los puntos a confirmar. Tenía el documento, el pasaporte que había sacado hacía algunas semanas, la tarjeta de crédito, efectivo… aunque debería cambiar todo a dólares. Miró el departamento, ese que había luchado tanto para conseguir y que finalmente sus padres tuvieron que ayudarlo para dar el primer paso. ¿Cuánto le darían por él? Un poco más ayudaría, pero luego del dinero que había recibido hace algunos meses de su padre cuando éste se despidió del mundo, no cambiaría su situación. Quizás le convendría dejarlo ahí, por las dudas, por si pegaba la vuelta.

Siguió haciendo una lista mental. Pensó en una valija grande, pero no quería cargar con la valija como turista embobado que se lleva treinta calzoncillos, treinta remeras y treinta pares de medias. Llevar la ropa por si hace calor, la ropa por si hace frío, por si llueve, para la noche, la malla… No, quería evitar la pelotudez. Esta vez iba a hacerlo de otra manera, quería relajarse, olvidarse, despedirse, al menos por un tiempo, de la Buenos Aires que lo vio nacer. Quería tomarse toda la aventura que estaba por vivir de la manera más simple posible. La mochila grande, pensó, y el bolso chico. Con eso sería suficiente. Es más, intentaría llevarlos livianitos. Si necesitaba algo más, ya vería dónde y cómo conseguirlo.

Le dio un último sorbo al mate mientras se levantaba de la silla de la cocina. El diario, a medio leer y con algunas gotas que había derramado, se desplazó de a poco por la mesa hasta caer al piso. El piso de loza le generó un calosfrío en el cuerpo al momento de apoyar los pies desnudos sobre él. Buscó las ojotas, se las puso y caminó rápido a su habitación. Sobre la mesita de luz de madera, moderna, límpida, tomó su celular, lo abrió y buscó el contacto de Néstor. Llamó. Mientras esperaba se sentó sobre la cama y miró el reloj despertador que se había detenido. Miró su reloj para confirmar la hora. Eran las 11 de la mañana. Néstor debería estar despierto.

—Santi… —dijo una voz entrecortada.

—Decime hola, boludo —se quejó Santiago. Le parecía que todo el mundo había perdido las ganas de decir hola al saber quién llama.

—Bueno, che. Ya sé que sos vos. ¿Cómo estás?

—Todo bien. Tengo un tema entre manos y necesito avisarte —advirtió—. Me estoy yendo de viaje—. Se levantó y caminó de vuelta a la cocina donde levantó el diario del piso.

—¿De viaje? ¿A dónde? —preguntó Néstor y dejó en silencio a Santiago durante algunos segundos. Aún no había decidido el destino para iniciar su travesía. Miró el diario, prestó atención a la noticia que estaba a la vista y encontró el nombre de una ciudad que le resultó conocida—. Kabul —respondió.

—¿A dónde te vas? —gritó—. ¿A Kabul? ¿Me estás jodiendo? ¿Qué te agarró? —Su voz sonaba preocupada—. ¿Tenés idea lo que es ir hasta Kabul? Es Afganistán. ¿Para qué querés ir ahí?

—Me voy, Néstor, ya lo tengo decidido. Estoy cansado. La vida de supermercado se me está haciendo larga, como decía Roger —sus analogías con la música estaban siempre a la orden del día.

—¿Pero te vas a vivir ahí? Buscate otra ciudad más tranquila para estar.

—No me voy a vivir a Kabul, Nestor. Me voy a recorrer el mundo y arranco por Kabul— aclaró tranquilamente—. Luego veré por dónde sigo.

—Estás loco —dijo Néstor con voz algo nerviosa—. ¿Qué vas a hacer con el laburo y tus cosas?

—Los del laburo que se vayan a cagar. Trabajo al pedo. No hago nada de lo que me gusta y me estoy perdiendo la oportunidad de hacer algo que si me guste. El resto de mis cosas ya veré. Ya me encargaré de pagar el departamento y el resto de la cuentas de acá. Pero hay muchas boludeces que voy a dar de baja: internet, el gimnasio. Hasta creo que voy a vender el auto. ¿Querés comprar un auto, Néstor?

—No, pará. Estás delirando. A todos nos gusta viajar, pero de ahí a largar todo para hacerlo…

—Néstor —lo interrumpió— te necesito de mi lado. Voy a cumplir un sueño que llevo dando vuelta por la cabeza desde hace muchos años. Ahora puedo hacerlo, así que lo voy a hacer. Voy a recorrer el mundo y voy a arrancar en Kabul. Luego veré cómo sigo.
Néstor hizo un corto silencio.

—¿Cuándo salís? —su voz había cambiado de tono.

—No tengo idea aún. En un rato estoy viendo el tema de los pasajes. Cuando llegue ahí veré dónde paro. Esto va a ser especial, y quiero hacerlo de esta manera.

—Estás loco, Santi, pero si tenés ganas de hacerlo, dale para adelante, nomás. ¿Necesitás algo en lo que te pueda ayudar? —Un dejo de tristeza empezaba a llenar sus palabras.

—No. Solamente si necesito algo desde allá te voy a avisar. Está todo verde, pero quiero que madure pronto. Intentaré irme lo antes posible.

—Manteneme al tanto, boludo. De todas las pelotudeces que hiciste en tu vida, esta debe ser la más pelotuda de todas. De onda te lo digo—. Ambos cruzaron una risa cómplice.

—Si, ya lo sé. Y por eso estoy tan contento. Cuando tenga más datos te aviso, ¿te parece?

—Listo. Te mando un abrazo.

—Otro —y cortó. Volvió a mirar al diario. Fin del asalto talibán en Kabul, leyó como titular de la nota. Bueno, al parecer el destino le dijo que iba a comenzar su aventura de manera bastante agitada. ¿Realmente quería empezar en Kabul? Si, claro. ¿Por qué no?

Dudo entre llamar a la agencia de viajes o ir personalmente. Llamar era más rápido, pero prefirió ir directamente para ultimar detalles. Empezó a vestirse para comenzar lo antes posible.

Néstor tenía razón. Definitivamente esta era la idea más pelotuda de todas las ideas pelotudas que tuvo en su pelotuda vida. Era un pelotudo y se lo iba a demostrar a todos los que tuvieran alguna duda al respecto.

Continuará…

 


 

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