Unos, pt. 2: Salida a un nuevo mundo


Café crème
Foto:
alpha du centaure

… continúa.

Salió del baño con la toalla en la mano y la tiró sobre la cama inconscientemente. Caminó hacia la cocina para preparase un café y pensar en todo lo que tenía que hacer ese día. Buscó la lata con café en la alacena, corriendo el azúcar, la sal y algunos tarros más, pero sin éxito. Intentó recordar dónde había quedado. Su mente desvió sus pensamientos llevándolo a cavilar en otros temas que aún no quería decidir. ¿Iría hoy? ¿Se atrevería? ¿Hablaría con su amigo para contarle? Tenía que hacerlo ¿Y con ella? ¿Y el trabajo? ¿Iría? ¿Valía la pena?

Pensó en el trabajo y miró la hora. Eran las ocho y veinte; otra vez iba a llegar tarde. Todo el mundo llega tarde en la oficina los viernes, pensó, pero no estaba muy seguro de si a él se lo iban a seguir tolerando. Tal vez no importara, ¿no? Aún no lo sabía bien. Tenía que tomar una decisión durante el día, pero hasta no tomarla no quería hacer nada de lo que después se arrepintiera. Aunque, claro, arrepentirse era casi la palabra clave de todo esto. Notó cierta contradicción en su parecer.

¡En el comedor! ¡Ahí estaba la lata de café, seguro!. Caminó hacia el comedor, prendió luz y vio sobre la mesa, una ya medio oxidada lata con café. Todavía se notaban algunas flores multicolores en ella, pero el resto era todo metal y óxido. La abrió para darse cuenta que tenía lo suficiente para un café. Ésto lo animó. Dejó la cafetera prendida y comenzó a vestirse para salir. Se puso la misma ropa de los últimos dos días. Al fin y al cabo era viernes y no pensaba en usar ropa limpia para un día de trabajo. A la noche la cosa cambiaría. ¿Qué se pondría a la noche? No tenía muchas opciones. Mientras se ponía el mismo jean de siempre pensaba que tal vez el otro jean negro podría ser una opción. Y con zapatos. Si, zapatos era una buena idea. ¿Qué imagen quería dar? ¿Quería mostrarse como una persona cuidada o no valía la pena? No estaba muy seguro, ya lo analizaría antes de salir a la noche. Pensó. No, mejor iría directamente. Quería mostrarse tal cual era.

Terminó de vestirse a las apuradas mientras daba algunos sorbos de café. Le había puesto mucha azúcar y no lo estaba disfrutando. Pero tenía la cabeza en otro lado. Buscó la campera azul y hurgó en los bolsillos. Entre las pelusas, papeles viejos y algunos boletos encontró algunas monedas para el subte. Cinco, diez, quince… ¡Dos de un peso! Listo. Buscó las llaves pero no lograba encontrarlas. Las tenía por acá, pensaba en voz alta mientras revolvía la ropa. Fue a la cocina buscando sobre la mesada sin suerte. Volvió a mirar el reloj: nueve menos diez y no había tomado el café. Entró en el living, despintado, con pisos de madera gastada y opaca y algunos muebles viejos que pertenecían a juegos distintos. Una mesa de madera fabricada en algún momento de los años setenta, dos sillas de acero con asiento verde y una silla de plástico blanco, y sobre el piso un pequeño reproductor de CD con diez o quince cajas vacías apiladas y sus respectivos discos amontonados a un costado. Y ahí, al lado de un disco de Tori Amos que había escuchado hace algunos días, estaban las únicas dos llaves que tenía, unidas por un pequeño llavero de metal. Las levantó, se las puso en uno de los bolsillos de la campera y abrió la puerta para irse.

Un momento, pensó, me estoy olvidando lo más importante. Volvió sobre sus pasos yendo directamente a su pieza, abrió el placard y, pese a su metro noventa de altura, se puso en puntas de pie para llegar hasta el fondo del estante superior. Tanteó con su mano derecha hasta que tocó la bolsa de plástico. La tomó y, haciéndola un bollo, la guardó, junto con su contenido en un bolsillo interno de la campera, para luego cerrar ésta.

Volvió hacia la puerta, pasando al lado del café cada vez más frío, y durante unos segundos se dio vuelta para mirar el viejo departamento que le había dado resguardo durante los últimos seis años.

Se quedó ahí… pensando…

… en algunas anécdotas que a nadie le importaron jamás. El día que llegó con solamente una valija y el TEG; la felicidad que tuvo cuando se pudo comprar una pequeña heladera; las quejas del vecino del quinto por la música; las visitas, cada vez menos frecuentes, de algunos amigos; los pocos llamados telefónicos de su mamá; la vista horrible que tenía el departamento; la soledad… las penas… los llantos… la tristeza…

Pensó un poco más…

Volvió a la realidad y se puso serio. Si, hoy sería el día. Salió y cerró la puerta; la felicidad estaba a sólo unas horas de distancia. El café se quedó solo, enfriándose.

Continuará…

 


 

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2 responses to “Unos, pt. 2: Salida a un nuevo mundo

  • Giselle Nievas

    No pude en estas últimas semanas leer un libro, no pude concentrarme para leer el diario o mirar alguna revista. Y hoy quedé atrapada con esta lectura.
    Felicidades! Y Gracias por compartirlo! Ahora sé que mañana o pasado me espera una intrigante historia por conocer, mejor dicho: que me interesa conocer.
    Saludos
    Giselle Nievas

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  • Unos, pt. 2: Salida a un nuevo mundo

    […] Unos, pt. 2: Salida a un nuevo mundo por myNick en cultura | literatura hace nada […]

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